- Cronica de la Eruhantale, por Tar-Míriel:

El pasado fin de semana, los númenóreanos zarpamos desde Rómenna rumbo a las tierras de Gondor, donde nuestros amigos y aliados de Minas Tirith nos esperaban para celebrar con nosotros la Eruhantalë, la fiesta de otoño.
Fue un fin de semana donde las risas, los regalos y la atención fueron constantes por parte de los anfitriones, que llevaban meses preparando nuestra llegada.
El viernes por la tarde comenzaron los festejos disfrutado de las deliciosas tapas y la espumosa cerveza que ofrece la ciudad de Granada, y sin duda fueron bien recibidas por los cansados viajeros.
La noche terminó más tarde de lo esperado, y es que cuando se está rodeado de buenos amigos el sueño tiene la batalla perdida.
El sábado los gondorianos nos condujeron a un bello paraje no muy lejos de la ciudadela, donde se realizaron los incombustibles torneos de espadas, añadiendo además una nueva categoría:
espada corta con escudo. En esta ocasión, los númenóreanos destacaron en el uso de la espada larga, quedando esta cronista vencedora del torneo. Sin embargo, los gondorianos demostraron
su hegemonía en el manejo del escudo, proclamándose Eärnur campeón en esta categoría. Mejor así: un ganador de cada región, y todos contentos.

Entre combate y combate se aprovechaba el tiempo practicando con el arco, o bien repartiendo mathoms no deseados para ganar en “Esta mierda no es mía”.
Al final Nai nos ganó a todos, aunque algunos ni se dieron cuenta de que les habían colado un mathom…
Por la tarde, y a pesar de la fina lluvia eventual, se jugó la partida de rol más divertida y surrealista que se puede jugar en una hora de reloj.
Lástima que no se pudiera utilizar la maravillosa cueva, digna de esconder tesoros piratas o al propio Gollum, pero ya estaba ocupada.
Aun así, entre asesinatos, damas que se volvían locas y repartían espadazos a diestro y siniestro e intrigas de los nobles, pasamos una tarde bien divertida.
¿La culminación? Una deliciosa merienda hobbit cortesía del Smial de Minas Tirith (mención especial a los postres hechos a mano por Rielle y Mandos)

Con la noche llegó la cena en un bonito restaurante situado en un marco incomparable: la plaza del Carmen. Buena comida, buena conversación, y una ligera tristeza por el tiempo
que se nos escapaba de entre los dedos. Pero aún nos quedaba la noche intemporal, llena de cuentos, representaciones y mathoms para todos. Gracias al Smial de Minas Tirith por
esos preciosos regalos, y por ese mathom que guardaremos para siempre con los tesoros de la Isla de la Estrella.

El domingo nos esperaba la perla del sur, la Alhambra. Cualquier descripción que pudiéramos hacer en esta página no estaría a la altura de su belleza, su paisaje,
sus piedras cargadas de historia, sus jardines mágicos… Tanto aquellos que lo conocían como los que no habían estado nunca se llevaron un recuerdo inolvidable.

Y con tristeza, llegamos al final de esta crónica, y también al final de nuestro evento. Las despedidas siempre son tristes, más aún cuando suponen alejarse de personas tan queridas.
Pero cuando los barcos ya surcaban los mares, y los gondorianos se habían convertido en un lejano punto en el horizonte, miramos hacia el oeste y sonreímos, porque sabíamos que
en nuestro caso, esa despedida jamás sería “namarië”, si no “tenna rato”.
Hasta pronto.
Y gracias por todo, Minas Tirith.
Minas Tirith, Minas Tirith,
eres un destello en la oscuridad.