Hoja de Niggle

por Elena Liria (Eledhwen)

De Hoja de Niggle se dice que es parte de lo que Tolkien llamó el Árbol de los Relatos, de follaje innumerable, en el que cada hoja es todas las hojas. Y sobre todo, que es "una inspirada ejemplificación de una de las ideas fundamentales de Tolkien, la necesidad de que la obra de arte tenga 'la consistencia interior de la realidad'". Pero yo creo que, por sobre todo, Hoja de Niggle es un bellísimo cuento acerca de la esperanza.
Aunque publicado en 1964, fue escrito en 1939 en la pausa que siguió a la redacción de los primeros nueve capítulos de El Señor de los Anillos, y relata la vida y muerte de un artista. De él Tolkien dijo: «...se parece tan poco a ninguna otra historia que haya nunca escrito o empezado, que me asombraría que pudiera combinar con ellas». Y, aunque efectivamente, Hoja de Niggle es una excepción en la obra de Tolkien desde muy diferentes puntos de vista, es también el más fiel espejo de esa obra.

Es una excepción porque no hay escrituras y más reescrituras de la historia: «Desperté una mañana (…) con esa extraña obra prácticamente acabada en la cabeza. Sólo me llevó algunas horas apuntarla y copiarla luego.»
Tampoco aparecen elfos, ni hobbits; nada sobre el universo alrededor de la Tierra Media; nada acerca del ennoblecimiento heroico; ni sobre los Días Antiguos, ni melancolía por un pasado glorioso perdido para siempre.
No, ésta es, sin más, la historia de un artista sencillo al que le gusta pintar hojas... y termina vislumbrando y apuntando todo un paisaje alrededor de esa hoja.

Y es un espejo porque también Tolkien, que se definía a sí mismo como un hombre sencillo que disfrutaba inventando lenguas, y acabó "subcreando" todo un mundo en el que estas pudieran haber nacido y evolucionado –Ëa y, sobre todo, la Tierra Media–, plasma en Hoja de Niggle su pensamiento sobre su propia obra subcreativa y su concepción sobre la subcreación en vida, y sobre la realidad que tiene dicha subcreación en el estado después de la muerte; pero no la hace parte de esa subcreación.

Ya desde la primera vez que se lee el relato, uno no puede evitar la identificación entre autor y protagonista. Ambos se sienten absorbidos por la dedicación a una obra artística, preocupados por el miedo a no acabarla, y continuamente interrumpidos en su labor por la imperiosa necesidad de las ineludibles labores cotidianas. Estas "incomprensivas" obligaciones, que constantemente importunan al artista en su trabajo, un trabajo que para ellas carece de interés e importancia, (y que en el caso de Tolkien están disipadas en un conglomerado de deberes académicos, intercambio epistolar con admiradores de su obra y otros menesteres menores) tienen para Niggle el nombre propio de su vecino, el Sr. Parish.

Tolkien dice aún: « (...) esa historia fue lo único que hice en mi vida que no me costara en absoluto ningún esfuerzo». En cierto modo la Hoja de Niggle es así la hoja de Tolkien. Pero yo diría que lo es más porque si la Hoja pintada por Niggle era sutil, delicada, llena de matices... sutil y llena de matices está la literatura que el profesor de Oxford nos ha legado, aunque el inmenso paisaje apuntado, como el de Niggle, no esté completo. ¿Podremos con nuestras aportaciones equipararnos finalmente al Sr. Parish?. Quizá. Él esperaba que otros rellenaran los huecos, como manifestó en más de una ocasión. Finalmente, también es su hoja porque la poética exquisita con que Tolkien lo elabora conforma un relato tan delicioso como maravillosa es la hoja imaginada.

En español, este relato puede encontrarse en dos volúmenes diferentes: uno que agrupa Egidio, el granjero de Ham, el propio Hoja de Niggle y El herrero de Wootton Mayor; y otro titulado Árbol y Hoja, en el que se incluyen, además del que nos atañe, un ensayo sobre los cuentos de hadas y el poema Mitopoeia. Ambos rondan los 10 euros.