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«Kili está bueno» Parte II -Estel 93-

Continuación del artículo «Kili está bueno»: la adaptación del aspecto físico de los enanos en la trilogía El Hobbit dirigida por Peter Jackson  por Amaya Fernández Menicucci, publicado originalmente en 2020 en la revista Estel 93

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Para muchos puristas, los evidentes añadidos (por ejemplo, el personaje de Tauriel, inexistente en el universo creado por Tolkien), las ampliaciones (el personaje de Azog, aunque técnicamente presente en la obra de Tolkien, no aparece en El Hobbit, ni tiene desarrollo alguno comparable con el que le otorga Jackson) y alteraciones (el aspecto físico de los enanos, como se ha señalado) constituyen traiciones imperdonables al espíritu y la letra de la novela de Tolkien. Sin embargo, me gustaría señalar que una adaptación cinematográfica constituye una obra de arte en sí misma y su calidad no debiera juzgarse por su fidelidad al texto literario que la inspira. Como Robert Stam señala en su introducción al volumen Literature and Film,6 en primer lugar, es imposible trasladar de manera idéntica un texto exclusivamente verbal a un texto multimodal basado tanto en lo visual, como en lo verbal y lo acústico, y que además se caracteriza por evidentes limitaciones de tiempo y costes de producción. En segundo lugar, y aunque una  adaptación absolutamente fiel fuera posible, sería redundante: ¿para qué querríamos una obra idéntica a otra ya existente? En tercer lugar, por muy fiel que una adaptación cine matográfica sea al texto literario, es inevitable que no pueda ser fiel a la película que cada lector ha proyectado en su mente al sumergirse en el texto literario. En otras palabras, a menudo, lo que hace que nos decepcione una adaptación fílmica es el hecho de que se no  sea fiel a nuestra adaptación mental de la obraliteraria. En realidad, nada impide que una adaptación consiga resultados extraordinarios desviándose significativamente del argumento original e incluso alterando varios de sus personajes principales.7 Por consiguiente, en lugar  de cuestionar el grado de fidelidad de la trilogía de Jackson respecto a la novela de Tolkien, prefiero centrarme en la medida en la que las alteraciones contribuyen o no a la calidad artística de la adaptación y al desarrollo narrativo de la misma..

 

En la novela de Tolkien, los únicos enanos en gozar de algún rasgo identificativo más allá de sus nombres y linajes, son Thorin, quien parece inclinado a cierta autocomplaciente verbosidad, Dori, que se muestra especialmente amable con Bilbo en más de una ocasión, Bombur, obeso y, como dictan las leyes de la comicidad más clásica, obsesionado con la comida, y los hermanos Fili y Kili, de quienes se dice tan solo que, siendo los más jóvenes de la compañía, tienen mejor vista que los demás y son a menudo enviados a escudriñar el horizonte o como avanzadilla para estudiar el terreno. Desde un punto de vista físico, a excepción de la obesidad de Bombur, solo distinguen a un enano de otro el color de la capucha (la de Thorin tiene además una borla plateada) y el de sus larguísimas barbas, con las que todos cuentan, sin excepción. Es destacable, por tanto, que aunque su altura y atuendo los identifiquen como enanos, no son representados de manera grotesca como lo son, por ejemplo, Bifur o Nori en la trilogía de Jackson.

 

Volviendo al continuum de «enanidad» que nos presenta Jackson, hemos visto que lo que hace que los enanos de Jackson se encuentren en un determinado punto de la escala no es únicamente el canon de belleza occidental tal y como se define a principios del siglo XXI, sino la «normalidad», desde un punto de vista humano, de las facciones, peinados y demás atributos. Es significativa, pues, la decisión deliberada de representar de manera tan extrema a unos enanos respecto a otros. ¿Por qué no dar a todos los enanos el mismo aspecto, como ocurre en la novela, especialmente cuando el Bilbo de Martin Freeman es tan semejante al personaje creado por Tolkien? La respuesta más sencilla (que según nos enseña la ciencia, suele ser la más probable) es que Jackson necesita «humanizar» físicamente a dos enanos concretos.

Dibujo de Thorin Escudo de Roble. Premio Niggle 2015Uno es Thorin, lo cual se explica volviendo la mirada hacia el concepto de kalokagathía: el aspecto de un rey épico debe exudar carisma y despertar admiración y respeto, no suscitar risas. De ahí el parecido del Thorin de Jackson con el Aragorn de su anterior trilogía. Parece bastante evidente que Jackson está intentando usar muchos de los elementos que contribuyeron al éxito cinematográfico de ESDLA, en especial, aquellos que forjaron su registro épico. En este sentido Jackson se distancia de Tolkien, ya que la novela publicada en 1937, aun contando  con numerosos elementos tomados de sagas épicas, estaba diseñada para un público muy joven, lo cual se refleja, por ejemplo, en el humor que  caracteriza muchas escenas, así como las reflexiones que el narrador dirige al lector. Tómese, por ejemplo, el dramatismo de la primera aparición en pantalla de Thorin, emergiendo solo y digno de entre la oscuridad ante la puerta redonda de Bilbo: nada tiene que ver con el Thorin de Tolkien, que se levanta trabajosamente y muy molesto tras haber sido aplastado por los varios enanos que se habían hacinado contra la puerta y caído sobre él. Aun así, la decisión de Jackson de elevar el tono de su obra y convertir la novela original en una trilogía, no sería en sí necesariamente una mala elección artística, si el guión la respaldase de manera coherente. Sin embargo, el hecho de que la caracterización de la mayoría de los enanos sea vea tan sujeta a parámetros más propios del género cómico que del épico es solo un ejemplo del tipo de incoherencias en las que incurre la trilogía de El Hobbit, y que anulan los esfuerzos de Jackson por convertir la novela de Tolkien en una obra comparable en tono y estilo a ESDLA.

 

Mucho más problemático me parece el caso del otro enano de aspecto humanizado. La función de Kili no es la liderar o imponer respeto. La única otra razón para querer dar un aspecto canónicamente atractivo a un enano de la Tierra Media es que Jackson necesitara un protagonista masculino para una historia de amor. Y he ahí que, cual deus ex machina, aparece Tauriel la elfa, con el único objetivo de materializar un romance interespecies. Una idea interesante, no cabe duda, y también políticamente correcta, pero que carece de sentido desde el punto de vista narrativo, ya que nada aporta a la línea argumental principal. Sí, es cierto que Tauriel salva la vida de Kili, pero en primer lugar, lo hace de una herida que le ha sido infligida en un acto heroico también inventado por Jackson. En segundo lugar, Tauriel salva a Kili para que este pueda cumplir su destino de morir, a su vez, salvándola a ella de las garras de Bolgo. En otras palabras, la subtrama del romance entre Kili y Tauriel es un bucle narrativo autoconclusivo y desvinculado de la lógica narrativa del resto de la trilogía. Jackson se inventa un personaje ad hoc al que ni siquiera da un epílogo, sino que abandona al lado del cuerpo sin vida de Kili, como si su personaje solo tuviera sentido en relación al del joven enano. Y, repito, desde un punto de vista narrativo así es.

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Lo que debería preocuparnos no es, entonces, que parte del público pudiera encontrar en el atractivo físico de Kili uno de los platos fuertes de la trilogía, sino la sospecha de que Kili haya sido transformado en un joven sexualmente atractivo precisamente con el fin de atraer a un cierto sector del público a las salas de cine. Teniendo en cuenta el estereotipo de personas interesadas en películas sobre relaciones románticas, las alteraciones a las que el personaje de Kili se ha visto sometido estarían pensadas para atraer a un público tradicionalmente poco interesado en el género de fantasía épica. Asimismo, la deliberada representación caricaturesca de diez de los trece enanos no hace más que subrayar la incoherente coexistencia de elementos cómicos y convenciones épicas. Es como si Jackson hubiera intentado ampliar lo más posible el público potencial de su trilogía, sin reparar en las consecuencias que ello pudiera conllevar desde un punto de vista artístico. Lo que me parece por tanto cuestionable, no es que la fuente literaria haya sido alterada, sino por qué lo ha sido, ya que en este caso las alteraciones parecen obedecer a razones puramente comerciales.


  1. Stam, Robert y Alessandra Raengo, co-editores.Literature and Film. Blackwell Publishing, 2003.
  2. Véase, por ejemplo, la magistral Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, basada en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, o Blade runner, dirigida por Ridley Scott y basada en el relato de Philip K. Dick «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?».
  3. Ilustración ganadora del premio Niggle 2015