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Tolkien y los estudios de género: una visión políticamente incorrecta para los tiempos que corren

Artículo «Tolkien y los estudios de género: una visión políticamente incorrecta para los tiempos que corren» de Silvia Gutiérrez Bregón «Isilmë» recogido en la revista Estel Nº 67

Sin duda Tolkien es un autor que levanta pasiones. Se podría decir que el mundo se divide entre los que le aman y los que le odian. No obstante, cualquiera consideraría digno de elogio el hecho de no haber caído hace tiempo en el saco de la indiferencia en un mundo de fama efímera como es el de la literatura contemporánea. Si a esto añadimos que nunca contó con el favor de la crítica, el alcance de la proyección de su obra en el tiempo y en el espacio se podría calificar de hazaña épica.
 

Pero no es el objetivo de este ensayo disertar sobre los logros de este filólogo y fumador de pipa empedernido, sino introducirnos en el terreno de los estudios de género para intentar desmontar la tan extendida idea dentro de este ámbito de que la obra de Tolkien es un reflejo de su misoginia. Esperamos atravesar esta «Ciénaga de los Muertos» particular (en cuanto a lo peligroso y resbaladizo del asunto) sanos y salvos, como ya lo hicieran en su día Frodo y Sam.
 

Para acercarnos a las críticas a Tolkien elaboradas desde esta corriente, veremos brevemente en qué consisten y cuáles son los objetivos y la trayectoria de los estudios de género. Su origen  se sitúa en las décadas de 1960 y 1970 en el seno del movimiento feminista europeo, principalmente en universidades británicas y norteamericanas. Los estudios de género son una corriente interdisciplinar que abarca campos muy variados dentro de las ciencias sociales, como la psicología, la sociología, la historia o la literatura. Y es esta última sobre la que centraremos nuestra atención, concretamente en la crítica literaria feminista.
 

El movimiento feminista se ha dividido tradicionalmente en tres periodos (primera ola en el siglo XIX, segunda ola en la década de 1960 y tercera ola a partir de 1990), en todos los cuales se dan tres fases: la primera fase es el desmantelamiento, que muestra los procesos por los que las mujeres no han sido incluidas en la narrativa histórica; la segunda fase es la recuperación de mujeres olvidadas que fueron importantes en la historia, y la última fase es la reconstrucción, que trata de interpretar las vidas de esas mujeres y cuestionar los procesos a través de los cuales se constituyeron los roles sociales de género.
 

Aunque como se apuntó anteriormente, se suele fechar el inicio de los estudios de género en torno a las décadas de 1960 y 1970, porque es en ese momento cuando adquieren peso en las universidades, si nos remontamos a principios del siglo XV nos encontramos con Christine de Pisan, que elaboró una crítica en contra del modo de retratar a la mujer en la segunda parte de El Romance de la Rosa (1275), escrito por Jean de Meun.  En el siglo XVIII tenemos a Mary Wollstonecraft y su ensayo «Reivindicación de los derechos de la mujer» (1792), y no podemos olvidar a la famosa Virginia Woolf o a Simone de Beauvoir, ya a principios y mediados del siglo XX, con sus obras Una habitación propia (1929) y El segundo sexo (1949), respectivamente.
 

Las autoras de la crítica literaria feminista centran sus esfuerzos en dos vertientes de estudio: por una parte recuperan y analizan los trabajos de otras escritoras que han basado su creación literaria en la mujer. Como ejemplos de esta vertiente tenemos A literature of their own (1977) de Elaine Showalter y The mad woman in the attic (1979) de Sandra Gilbert y Susan Gubar. La otra línea de estudio se centra en revisar la literatura escrita por hombres y criticar el papel que ostentan los personajes femeninos en sus obras. Esta rama es la que nos ocupa y estudia sobre todo las imágenes y estereotipos que transmite el canon occidental fundamentalmente masculino.
 

Retrato de Légolas KelerionUna vez esbozado el origen y principios de los estudios de género y la crítica literaria feminista, sería conveniente aclarar en qué consiste, según nuestra opinión, un comentario crítico objetivo de un texto literario, para posteriormente demostrar que numerosas críticas realizadas a Tolkien desde la perspectiva feminista carecen de objetividad y rigor alguno. En primer lugar, partimos de la premisa de que lo enriquecedor de todo comentario de texto literario radica en la capacidad para analizarlo desde la perspectiva de cualquier corriente crítica sin considerar ninguna de ellas como un dogma de fe. Si lo que nos interesa es realizar una crítica constructiva, utilizaremos diferentes puntos de vista para aplicarlos al texto en cuestión. Por ejemplo, si estamos comentando una obra sobre la diáspora india en el Reino Unido, lógicamente aplicaremos numerosos principios de la crítica postcolonial, pero también podemos introducir elementos del psicoanálisis para analizar las relaciones familiares o premisas de la pragmática de textos para observar las diferencias de discurso entre inmigrantes y británicos. De este modo, desde la distancia y teniendo en cuenta diversos enfoques, se logrará un comentario objetivo.
 

Si, por el contrario, nos basamos en los fundamentos teóricos de una sola corriente crítica y nos aferramos a ellos como únicos principios de análisis válidos, obtendremos un estudio sesgado, de escaso rigor y objetividad nula. Y es precisamente esto lo que observamos cuando nos aproximamos a la obra de Tolkien solamente desde los estudios de género. Aunque en este caso, los análisis que valiéndose de las tesis de esta corriente tachan su obra de machista ni siquiera se basan en datos fehacientes, que aun observándolos en conjunto hagan pensar que la mujer es denostada de algún modo. Lo flagrante de la inconsistencia de su argumentación recae precisamente en que parten de premisas infundadas que luego analizan desde la óptica de los estudios de género. Veamos algunos ejemplos.
 

A menudo se alega que no existe paridad de sexos en la obra de Tolkien y que el número de páginas dedicadas a los personajes masculinos sobrepasa con creces al de los personajes femeninos. Esto, aparte de ir en contra de la libertad de creación literaria es tan absurdo como si desde la crítica postcolonial se afirmara que el cuento de Blancanieves es racista porque ninguno de los enanitos es negro. Si además tenemos en cuenta que las obras de culto de la crítica literaria feminista están escritas exclusivamente por mujeres y para mujeres (véase por ejemplo The Awakening de Kate Chopin) y que este movimiento lucha por el reconocimiento de una literatura femenina frente a la masculina promoviendo constantemente el enfrentamiento entre ambas partes, la contradicción en la que caen es incuestionable.
 

Si nos situamos en el trabajo más popular de Tolkien, El Señor de los Anillos, es cierto que hay menos personajes femeninos que masculinos. (¿Y qué?) No obstante, si tomamos El Silmarillion, observamos que esa diferencia se reduce y que la mayor parte de los personajes femeninos desempeñan un papel determinante en las distintas tramas. Y es que otro de los argumentos que se han esgrimido para tachar de machista la obra de Tolkien es la pasividad y la escasa importancia que supuestamente desempeñan los personajes femeninos en sus historias. Mencionaremos algunos que a nuestro parecer son cruciales para desmontar la falsa premisa acerca del rol menor que ocupan en su obra.
 

Comenzamos con los valar, espíritus poderosos que dieron forma a Arda con sus melodías. Para sorpresa de aquellos que denuncian la falta de paridad de sexos en el universo Tolkien, los valar femeninos son siete, al igual que los valar masculinos. En el primer grupo tenemos a Varda (dama de las estrellas y compañera de Manwë, reyes ambos de todos los valar), Yavanna (dadora de frutos, segunda en importancia después de Varda), Nienna (aunque se pasa el día llorando, transmite piedad y esperanza a los que la escuchan), Estë (la curadora de heridas), Vairë (la tejedora de todo lo que ocurre en el tiempo), Vána (hermana de Yavanna y como ella, unida a la tierra y a todo lo que allí crece) y Nessa (la bailarina, conocida por su valentía y agilidad).
 

De entre los maiar, servidores de los valar, podríamos mencionar a Melian como otro personaje femenino a tener en cuenta. Tras enamorarse del elfo Thingol permaneció con él en la Tierra Media sin regresar a Valinor hasta el fin del reinado de ambos. Gracias a su encantamiento conocido como Cintura de Melian, la ciudad de Doriath quedó protegida de todo mal hasta la muerte de Thingol. Otro personaje femenino crucial del Silmarillion es Lúthien. Hija de un elfo y una maia (Thingol y Melian), luchó contra todos hasta conseguir imponer su voluntad y gracias a ella Beren logró arrebatar un silmaril de la corona de Morgoth.
 

Para finalizar ya con los ejemplos de personajes femeninos de Tolkien que son determinantes para la trama de sus historias mencionaremos brevemente a Galadriel, Arwen y Éowyn. La primera de ellas es una dama de la raza de los Noldor, que se rebelaron contra los valar y abandonaron las Tierras Imperecederas para regresar a la Tierra Media y recuperar los silmarils. Decidió establecerse en Lórien junto a su compañero Celeborn y nadie negará a estas alturas que la que «lleva los pantalones» en esa relación es Galadriel… Además es portadora de Nenya, uno de los tres anillos de poder de los elfos. El personaje de Arwen es muy similar al de Lúthien, en tanto en cuanto renunció voluntariamente a los privilegios de su raza por amor a un mortal. Por último, Éowyn es una shieldmaiden o doncella guerrera de la tradición de las sagas nórdicas que tanto entusiasmaban a Tolkien. Desobedeció a su tío, el rey Théoden, para luchar en la batalla de los Campos de Pelennor donde venció al señor de los nazgûl.
 

Estos son algunos ejemplos de personajes femeninos de peso con los que podríamos rebatir la equivocada y sin embargo extendida idea  de que son pocos o irrelevantes los papeles femeninos en la obra de Tolkien. En cualquier caso, consideramos que la libertad de creación prima por encima de todo, y nada influye en la calidad literaria de una obra el hecho de que carezca de personajes femeninos o masculinos.
 

Desacuerdo de Légolas KelerionArtículos como el de Brenda Partridge titulado «No sex, please, we’re hobbits: the construction of female sexuality in The Lord of the Rings» no hacen sino constatar el hecho de que si descontextualizamos y analizamos sin criterio fiable alguno una obra literaria, obtendremos una crítica cargada de despropósitos que uno ha de tomarse a risa para poder digerirla de algún modo. Y aquí expongo alguno de los descabellados argumentos que utiliza esta autora para calificar a Tolkien de machista y misógino. Según ella, la batalla de Frodo y Sam contra Ella Laraña simboliza una violenta lucha sexual del hombre contra la mujer, donde la rotura de la tela de araña simboliza la rotura del himen y la pérdida de la virginidad. Además, tanto el vial de Galadriel como Dardo, la espada de Frodo, representan el falo que refleja la superioridad del hombre frente a la mujer, al vencer a Ella con estos elementos. A través de argumentos como éste justifica esta autora que Tolkien teme y a la vez aborrece la sexualidad femenina. Aparte de considerar la perspectiva de diversas corrientes desde cierta distancia, otra de las claves para realizar un comentario de texto literario es contextualizar dicho texto y a su autor  en un periodo histórico concreto.

Parece que las voces que se alzan en contra de Tolkien por su marcado machismo en su obra no han considerado este aspecto. Es conveniente tener en cuenta que Tolkien vivió en el periodo comprendido entre 1892 y 1973 y que la mayor parte de su vida transcurrió en Inglaterra, en el conservador clima académico del Oxford de aquellos tiempos. Separarlo de este contexto para tacharlo cuarenta años después de ser un hombre machista no es ni mucho menos razonable ni coherente.
 

Por supuesto que podría resultar machista si lo situamos en la época actual, como lo serían todos los hombres y también las mujeres de aquellos años, porque lo que a día de hoy es considerado como una actitud o comportamiento sexista hace cincuenta años no lo era. Las sociedades avanzan y en lo que a la igualdad de género se refiere se han realizado grandes progresos, pero eso no significa que podamos ampararnos en la tan de moda lucha por la igualdad para tachar de machista todo lo que no encaje con los postulados de la crítica feminista. No obstante, cabría decir que una cosa es la obra de un autor y otra muy distinta son los detalles de su vida personal, y estos dos elementos no deberían mezclarse en el análisis crítico de un texto literario, cosa que sí hacen algunos autores. Por ejemplo, la ya mencionada Brenda Partridge, que como señala Joseph Pearce (1999:54) no tiene reparos en afirmar que Tolkien y Lewis mantenían una relación homosexual más allá de la amistad.
 

Por último, si tomamos las fuentes en las que Tolkien se inspiró para elaborar su cosmogonía de la Tierra Media, llegaremos a la conclusión de que el hecho de que las mujeres de Tolkien no adquieran roles típicos masculinos no es un síntoma de misoginia o de ausencia de igualdad, sino de coherencia con el mundo que había creado basándose en las sagas nórdicas y en la literatura anglosajona. Si en Beowulf tenemos a la reina Wealhtheow llevando a cabo el ritual de la ofrenda de regalos y no al rey Hrothgar, en El Señor de los Anillos tenemos a Galadriel y no a Celeborn realizando este mismo ritual. Porque si algo caracteriza a la obra de Tolkien es una minuciosidad y un perfeccionismo extremos, de tal forma que el detalle más insignificante queda perfectamente atado para, de este modo, dotar de sentido completo a todos los niveles de su mundo. Y ahí es donde se diferencian las historias mediocres de las brillantes, la fantasía de la subcreación.


Bibliografía:

  • Carpenter, Humphrey (2000). J.R.R. Tolkien: A biography. Nueva York: Houghton Mifflin.
  • Cowman, Krista (2010). «‘Carrying on a long tradition’: Second-Wave presentations of First-Wave
  • Feminism in Spare Rib c. 1972-1980». European Journal of Women’s Studies. 17, 193-211. Gamba, Susana (2008). «¿Qué es la perspectiva de género y los estudios de género?». En Diccionario de estudios de género y feminismos. Buenos Aires: Biblos.
  • Oppermann, Serpil Tunç (1994). «Feminist literary criticism: expanding the canon as regards the novel».
  • Pearce, Joseph (1999). Tolkien: Man and Myth. London: Harper Collins.
  • Tolkien, J.R.R. (2002). El Silmarillion. Barcelona: Minotauro.
  • Tolkien, J.R.R. (2004). The Lord of the Rings. 50th Anniversary Edition. London: Harper Collins.