Julio ha pasado y Agosto aun esta caliente, estos dos meses nos han obsequiado con mas y mejor. El Señor de los Anillos: Ascension y Magic: The Gathering – El Hobbit son ya una realidad y para este mismo septiembre recordamos el mecenazgo de The King’s Gambit.
Mientras los juegos reposan entre partida y partida, en la STE, continuando con esta pequeña saga de artículos, vamos por la segunda de las cuatro estanterías, las que mejorarían al juego original.
Segunda estantería: mejorarían al juego original

¿Y si Chinatown fuera Valle, 2942?
Chinatown (hoy reencarnado en Waterfall Park, lo cual demuestra que la formula funciona aunque cambies el aspecto) es negociación en estado puro: parcelas, negocios y tratos sin árbitro. Llevadlo a la reconstrucción de Valle tras la muerte de Smaug, el único boom económico multirracial que Tolkien escribió: hombres del Lago, enanos de Erebor y elfos del Bosque Negro levantando juntos una ciudad. Y aquí el retema añade chicha: los agravios entre razas como coste de negociación —un trato entre elfo y enano exige un favor extra o paga su pequeño impuesto de desconfianza—, y sinergias de vecindad que se explican solas: forja enana junto a mercado de hombres, todos ganan. La economía de la Tierra Media está virgen en el mundo del cartón; alguien tiene que ser el primero.
¿Respetuoso con el canon? Los Apéndices hablan de comercio y prosperidad. Nosotros solo ponemos los precios.

¿Y si Brass: Birmingham fuera Isengard?
Brass: Birmingham es el gran juego económico sobre la Revolución Industrial: construir fábricas, tender redes, alimentar la máquina. Considerado el juego Top 1 actualmente, ahora imaginad a varios capataces uruk compitiendo por el favor de Saruman: quien más tala, más forja y más engendra, gana la mano del mago. La ironía es la gracia y la tesis: usar la cumbre de los juegos de industrialización para retratar al personaje que encarna todo lo que Tolkien detestaba de la industria. Bárbol lo dijo con otras palabras: Saruman tiene una mente de engranajes, y a los engranajes no les importa lo que crece.
¿Respetuoso con el canon? Perfectamente. Que sea incómodo jugarlo con conciencia de ent es parte del diseño.

¿Y si Twilight Struggle fuera La Paz Vigilante?
Twilight Struggle, para quien no lo conozca, es EL juego de la Guerra Fría: dos superpotencias extendiendo influencia por el mundo mediante cartas de evento, sin llegar (casi) nunca al conflicto abierto. Pues bien: Tolkien escribió una guerra fría con nombre propio y fechas. Se llama La Paz Vigilante (2063–2460 de la Tercera Edad): cuatro siglos de tensión entre el Concilio Blanco y la sombra que crece en Dol Guldur, con espías, emisarios y silencios. La Guerra del Anillo ya cubre la guerra caliente; nadie ha jugado nunca la fría. Y el motor de cartas de influencia encaja como un guante de mithril.
¿Respetuoso con el canon? Es material de Apéndice B jugable. Lucimiento tolkiendil máximo.

¿Y si El Sheriff de Nottingham fuera el portero de Bree?
En El Sheriff de Nottingham los jugadores declaran mercancías ante un inspector que puede creerte, registrarte o aceptar tu soborno. Trasladadlo a la puerta de Bree en vísperas de la Guerra: tiempos de rumores, gentes extrañas subiendo por el Camino Verde, y un portero que decide quién pasa. ¿Manzanas honradas bajo la lona, o asuntos de montaraces que es mejor no mirar? El farol, la sospecha y la propina de siempre, con la paranoia de El Poni Pisador como decorado. Bree es el único cruce de caminos del noroeste donde este juego tiene sentido, y lo tiene todo.
¿Respetuoso con el canon? El portero ya desconfiaba en el libro. Solo le damos reglas para hacerlo.









